Derecho a Elegir

El papel del salvador y el papel del imposibilitado

En un taller de desarrollo humano, les pedí que escucharan la música con los ojos cerrados. Primero debían permitir que la música se sintiera sin un solo movimiento y después eligieran libremente ponerse de pie y bailar o quedarse en su lugar. No se trata, les dije, bailar a la perfección, sino de permitir que el cuerpo se mueva libre y sin ataduras de la mente, algo que suele ser difícil a la primera, pues la mente controla todo de forma consciente o inconsciente. Se empezaron a ponerse de pie y me acerqué a uno por uno para hacerles la pregunta ¿Qué pasa? Ante esta pregunta algunos respondían sobre la experiencia del baile y otros sobre lo que pensaban o sentían en relación con ellos mismos. De pronto una mujer que poco había hablado en el curso respondió: “Me pasa que me siento expuesta” “Expuesta” le devolví. ¿A qué se debe? Me siento expuesta bailando. ¿Lo has descubierto en este momento o ya lo sabías? Y contestó que era algo que ya tenía en conciencia y ¿A qué se debe que te has puesto de pie? ¿Por qué no elegiste quedarte sentada? si la indicación fue “elegirán libremente ponerse de pie y bailar o quedarse en su lugar” Me sentí presionada porque los demás pasaron al frente. ¿Entonces has elegido libre y responsablemente hacerlo? Y se quedó pensando un momento. “Es cierto, nadie me presionó, me presioné sola al darme cuenta de que los demás se iban poniendo de pie. Después de recuperar aprendizajes individuales pedí que tomaran asiento y abrimos el círculo de diálogo grupal.

¿Qué pasó? Volví a preguntar, pero ahora de manera abierta a todo el grupo. Cada uno expresó sus aprendizajes. Enseguida pregunté ¿Qué papel jugaste en esta dinámica? Se puso de pie otro miembro del grupo y expresó: Yo fui un motivador porque animé a una compañera tímida a que pasara y bailara. ¿A quién animaste? A ella y señaló a la participante que había expresado que se sentía expuesta. ¿Quieres expresar cómo te sentiste? Le pregunté a la participante y respondió que se sintió forzada. ¿Y cuándo alguien insiste, le entregas el poder haciendo aquello que no quieres hacer? Asintió con la cabeza y agradeció la pregunta. El compañero “motivador” tomó como aprendizaje que invitar es una cortesía, pero insistir es una manera de no respetar al otro algo, que venía haciendo con frecuencia.

Hay muchas formas de manipular, una es mediante la fuerza, alzando la voz, golpeando, privando, otra manera es a través de la victimización. La victimización busca controlar mediante la generación de pena, mensajes constantes de imposibilidad.  Uno de los mensajes es: “Mira que estoy desprotegido y necesito que me protejas”. “No sé hablar y necesito que hables por mí”, “No sé cómo hacerlo y requiero que lo hagas por mí”. Quien dice “no puedo” evita el riesgo, pues nadie le pedirá que lo haga y logrará que alguien más lo realice en su lugar. El beneficio inmediato se cumple, pues se queda en la zona de confort sin mayor esfuerzo, pero el precio a pagar será posterior cuando se vaya hundiendo en la zona de la inmovilidad, lejos del desarrollo.

Cuando vivimos desde el papel del superhéroe brindamos ayuda y apoyo, pero hay que tener precaución de no actuar desde el complejo del rescatador o salvador pues estaremos quitando las victorias a las personas. Los rescatadores, salvadores o superhéroes, somos personas buscando un reconocimiento constante que alimenta la idea de “ser valorados como buenos”, mientras el “imposibilitado” busca dar ayuda constante para llenar el vacío de afecto con la idea de “ser compadecidos”. El salvador busca aliviar el dolor de los demás, pues de esta forma alivia el dolor propio. El papel de ayudador lo podemos vivir todos y en su justa medida es solidaridad y responsabilidad social, pero en exceso es la manera más directa de aniquilar.

Luis Villa

Luis Villa, autor del modelo EMORES emocionalmente responsables

12 de agosto 2021

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